Qué es y cómo desarrollar la escucha activa y la atención plena

Claves de la escucha activa 

En el marco de la comunicación asertiva hay varios ingredientes importantes y muchos tienen que ver con la posición que adoptamos respecto del otro.  Aunque escuchar es fundamental si queremos comprender un mensaje, la asertividad demanda algo más. Algo que puede proporcionar la escucha activa. Una habilidad con la que podamos descifrar qué dice una persona, qué siente y además podemos dar feedback. 

La escucha activa, definida hace décadas por el doctor Carl Rogers en la Universidad de Chicago, requiere de un esfuerzo consciente por nuestra parte. De hecho Kathryn Robertson señala que es algo más que poner sólo atención. Esta experta de la Universidad de Melbourne determina que para desarrollar la escucha activa son necesarias una serie de habilidades concretas como un lenguaje corporal atento; un contacto visual y unas expresiones faciales apropiadas o espacio al otro para contar su historia. Lo conseguiremos tratando de abrirle puertas con nuestra conversación y realizando preguntas oportunas que denoten interés. Además, podemos reforzar la sensación de comprensión y aceptación si  parafraseamos periódicamente el contenido, reflejamos parte del discurso en nuestras intervenciones o, al final de la conversación, resumimos lo central del mismo.  

El esfuerzo consciente que implica la escucha activa deja claro que no se trata de poner en marcha una simple estrategia. Esas habilidades podríamos también resumirlas en los siguientes ingredientes: 

Clima:  Creación de un ambiente agradable donde prime la confianza 

Aceptación: Tenemos que aceptar a los otros tal cual son, y no como a nosotros nos gustaría que fueran. 

Interés en el otro y su mensaje: Esta habilidad requiere de un esfuerzo que será complicado realizar si apenas nos importa lo que nos vayan a contar o quien lo haga. 

Pausa: Es positivo evitar precipitarnos en nuestras conclusiones, así como dar consejos o soluciones que no nos han solicitado o para los que no tenemos toda la información. 

Cautela: Evitar la contra-argumentación (“Me encuentro regular” – “Pues yo también”) y no poner en boca de terceras personas aquello que no han dicho. 

Silencio: No es óptimo interrumpir a quien habla o no dejar determinados espacios para que la persona se encuentre a gusto relatando su historia. 

Tiempo: Parece obvio pero será muy difícil tratar de acercarnos a una persona y su mensaje si tratamos de hacerlo a toda prisa. Casi todos los ingredientes citados hasta ahora muestran que la escucha activa no es un proceso que podamos acelerar.  

Preguntas sobre mi escucha 

En ocasiones es útil preguntarnos sobre nuestra capacidad de escucha y analizar si en una conversación nos centramos en lo que dice el otro 

  • ¿Mostramos un interés real en lo que nos cuentan con nuestros gestos o nuestro lenguaje corporal transmite desconexión? 
  • ¿Estás atento a lo que te cuentan o estás pensando en lo próximo que dirás?¿Cómo está tu voz interior a lo largo de la conversación? 
  • ¿Estamos alerta a todo lo que sucede a nuestro alrededor (alertas del teléfono, ruidos, otras personas…) mientras nuestro compañero habla? 
  • ¿Damos las opiniones y afirmaciones de los demás el significado correcto o el que más cerca está de nuestros intereses y creencias? 
  • ¿Seríamos capaces de repetir las ideas centrales de lo que nos acaban de contar? 

¿Qué es la atención plena?

Muy relacionado con la escucha activa está la atención plena, es decir el estado de completa concentración en el que nos sumergimos al realizar una actividad determinada.

Aunque vivimos en una multitarea constante, estar motivado es complicado si tratamos de abordar varias tareas a la vez. Cuando nuestra mente está colapsada de pensamientos, no logramos desconectar ni disfrutar de nuestro tiempo de descanso,  algo muy perjudicial para nuestra salud mental. 

Estos 2 ejercicios te pueden ayudar a desarrollar la atención plena. 

  • Ejercicio de observación: Toma algún objeto que tengas cerca, por ejemplo, puede ser un bolígrafo, una taza o un libro y dedica un tiempo a observarlo detenidamente. Fíjate en su forma, en su color, en su aspecto en general. Poco a poco, irás notando como tu mente se libera de otros pensamientos y te trasladas al presente conscientemente. 
  • Ejercicio de respiración: Dedicarle un momento a tu respiración será beneficioso para tu relajación y posterior concentración. En ciclos de unos 8 segundos, inhala por la nariz y exhala por la boca lentamente, y repite el proceso las veces que quieras o necesites. Intenta, al mismo tiempo, ir liberando tu mente de pensamientos externos, y céntrate sólo en la respiración.