Liderar desde el propósito (y la humildad)

Liderar con proposito y humildad

Por José María Palomares | El propósito es, sin duda, un elemento imprescindible en el liderazgo humanista. Identificarlo y activarlo aporta una doble mirada.

Por un lado, interna: nos ayuda a entender nuestras decisiones del pasado, saber qué nos ha movido en los momentos en los que nos hemos sentido en plenitud y qué nos ha causado desasosiego o malestar. Actúa, por tanto, como filtro para alinear comportamientos y generar eventualmente cambios que nos ayuden a recuperar el camino.

Por otro lado, la mirada externa nos interpela a la hora de construir un posicionamiento público genuino, que ponga en valor nuestros elementos diferenciales pero que, también, sea honesto, coherente y consistente con quienes somos y con lo que hacemos. Por todo ello afirmo que el propósito, bien gestionado, puede convertirse en la energía transformadora de personas y organizaciones.

El propósito es el ingrediente clave del autoliderazgo y, en cierta medida, de nuestro autogobierno.

El propósito y la humildad como camino de liderazgo

Mi admirada Pax Dettoni me recordaba el otro día la famosa frase de Lao Tsu que define muy bien a qué me refiero: “El que se domina a sí mismo es poderoso”. El conocimiento y la gestión de las emociones propias es fundamental para entender después las de los demás. A fin de cuentas, el ejercicio del liderazgo también precisa de esta competencia.

Pero liderar va mucho más allá. Significa sacar tu mejor versión impulsando a otros a hacer lo mismo. O como diría el gran maestro Xavier Marcet, “crecer haciendo crecer”. Para ese objetivo hace falta, desde luego, tener y compartir un propósito inspirador, pero también una mirada generosa hacia los demás. Se trata de trascender al marco propio de crecimiento personal (growth mindset) para ser capaz de ver ese potencial en otras personas, estimular su despliegue y, en el mejor de los casos, acompañarlas en el proceso.

Y hablo de estímulo porque hay algo que no depende completamente del líder: y es la activación del compromiso. La misión del líder es generar contextos que lo faciliten, pero el compromiso es, en realidad, una elección individual que sólo puede ponerse en marcha desde una voluntad propia y sincera. Tal Ben-Shawar lo explica muy bien: “El sentido se experimenta cuando existe conexión entre lo que hacemos y nuestros valores, si creo o no en lo que hago. El compromiso es la motivación y energía que ponemos”. A renglón seguido, la gran Pilar Jericó nos indica que el sentido (propósito) sin compromiso nos lleva a la ensoñación, pero no necesariamente al crecimiento ni a la transformación.

Liderar implica, sobre todo, un ejercicio de humildad para identificar e impulsar el mejor talento de las personas hasta sacar su mejor versión y hacerlas brillar. Pero también para entender las limitaciones del liderazgo: saber hasta dónde podemos llegar y entender que no siempre seremos capaces de dejar esa huella que tanto anhelamos.

José María Palomares
José María Palomares, experto en propósito, liderazgo y transformación.