Lego: los retos de un icono

Lego

El 28 de enero fue el Día Internacional de LEGO. Una fecha que conmemora la presentación de la patente del icónico ladrillo de juguete, en 1958. Y que nos recuerda que apostar por la innovación, la creatividad y la atención al cliente es apostar por el éxito. Más de 90 años de historia LEGO lo demuestran.

«Sólo lo mejor es suficiente», Ole Kirk Christiansen, fundador de Lego.

La audacia del cambio y de la diversificación

LEGO nació de la necesidad de su creador, el carpintero danés Ole Kirk Christiansen (1891-1958), de reinventar su negocio de muebles para convertirlo en una fórmula empresarial sostenible. Y, desde entonces, no ha parado de crecer. 

Incluso en las horas más bajas de la compañía, LEGO ha sabido salir airosa gracias a la conquista de nuevos escenarios, de la diversificación, y de la escucha activa a los y las consumidoras. De hecho, en el año 2015 superaba a Mattel, líder del sector por entonces, en cifras de venta.

Hoy en día, hablar de LEGO es hacerlo de toda una institución que trasciende del sector del juguete. Sus bloques se han convertido en sinónimo de juego educativo en todo el mundo, al facilitar el desarrollo de múltiples capacidades. Y ha sabido conquistar al público adulto.

Ole_Kirk_Christiansen

Liderar el cambio para liderar el mercado

Si por algo se caracteriza LEGO es por la predisposición de su equipo humano a innovar y asumir los retos que plantea el mercado.

Lo hizo en sus orígenes. También hace 20 años, cuando comenzó a recrear con sus piezas universos de ficción de enorme éxito, como Star Wars. O una década después, de la mano de Warner Bros, lanzando productos audiovisuales de éxito, como The Lego Movie y Lego Ninjago. Ahora, la apuesta de la compañía se centra en la sostenibilidad.

En 2018, LEGO comenzaba a fabricar piezas a partir de biopolietileno (bio-PE), de base biológica. La compañía inauguraba así su carrera hacia la innovación en materiales renovables. Sin embargo, el uso de este tipo de plástico, duradero y flexible, derivado de la caña de azúcar brasileña, es solo la punta del iceberg de toda una estrategia de responsabilidad medioambiental.

Dicho reto pretende alinear la marca con los compromisos y valores de la sociedad actual. Y en especial, con los de toda una generación de nuevos consumidores y consumidoras. 

Sin embargo, lo más increíble de este proceso de renovación (y lo más difícil de conseguir), como ocurriera en los anteriores, es que LEGO ha logrado no perder su esencia. Sus piezas siguen siendo universales. Capaces de encajar unas con otras sin importar el año de fabricación. Son precisas, duraderas, robustas y compatibles. En otras palabras: brindan miles de oportunidades creativas. Y eso, para un niño o niña, es un tesoro.

La digitalización se habrá impuesto en muchos aspectos, pero los más pequeños (y también adultos) siguen encontrando en la manipulación de las piezas LEGO una fuente de diversión y un desafío constante.