S​​i te despidieran como CEO, ¿quiénes te seguirían?

CEO OpenAi

La compañía responsable de ChatGPT restituía el pasado miércoles a Sam Altman como CEO, tras despedirlo hacía tan solo unos días. OpenAI ponía fin, de esta manera, a una auténtica telenovela en formato exprés y dejaba en el aire una pregunta que a menudo se hacen los líderes de grandes empresas, “¿estaría mi gente dispuesta a seguirme en un nuevo proyecto empresarial?”. La respuesta no es fácil.

El caso de Altman al frente de OpenAI

Por ejemplo, la destitución de Sam Altman como jefe ejecutivo de OpenAI suscita algunas lecturas. El hecho ha causado tal revuelo que, en cuestión de horas, se ha convertido en el culebrón del año en el sector tecnológico. No en vano, la mayor parte de la plantilla había amenazado con abandonar la compañía si no se le restituía. Esta última argumentaba la pérdida de confianza en Altman para la toma de esta drástica decisión. 

Altman personificaba, desde hace un año, la revolución que ha supuesto la IA a través de OpenAI y su ChatGPT.

Dicho esto, podría parecer cuanto menos irónico que, días más tarde del despido, los consejeros de OpenAI pusieran al frente de su revolucionario proyecto a una persona, Emmett Shear, procedente de la red social Twitch, que no esconde su opinión sobre las devastadoras consecuencias que la IA podría tener para la humanidad. De hecho, Shear apostaba por la ralentización de esta tecnología.

Lealtad: cuando la plantilla no quiere renunciar al líder 

Pero, volviendo al asunto de Altman, su despido y recontratación, llama la atención el respaldo recibido por el 95 % de los empleados y empleadas. En total, 739 personas dispuestas a dejar su actual puesto de trabajo para mostrar su disconformidad con la marcha del CEO, tal y como manifestaron en una carta conjunta en la que, además, pidieron la dimisión del actual consejo. 

Es más, Greg Brockman, estrecho colaborador de Altman y presidente del consejo, dimitió. También se fue la jefa de tecnología de OpenAI, Mira Murati, que sustituía a Altman tras su despido. 

Dicho esto, muchas personas se preguntan si esta intención de fuga masiva se debía a la lealtad de la plantilla hacia su CEO o era fruto de la incertidumbre que les deparaba con un nuevo líder al frente de la organización. 

Para algunas, Altman, sin duda un hombre carismático, ha sabido dejar una huella a la que su equipo no quería renunciar. Para otros, la hazaña no resulta tan loable en tanto que ninguno de esos y esas profesionales se enfrentaría a graves consecuencias laborales fruto de su renuncia. De hecho, hay quienes han tachado toda esta maniobra de campaña de marketing, entre ellos Elon Musk, y voces que señalan a una estrategia orquestada para sacudirse al puñado de consejeros que pedía una revisión ética del proyecto.

Hay quien lo llama oportunismo, otros, liderazgo efectivo

Y es que, sin duda, ninguno de los profesionales contratados en OpenAI tardaría en encontrar un buen trabajo, de hecho, Microsoft, por la que había fichado Altman tras el despido, había declarado su intención de contratar a cualquier miembro de OpenAI que dimitiese como consecuencia de la crisis corporativa. Así que, la palabra oportunismo planea alrededor de la respuesta de la plantilla, que además se encargó de plasmar sus nombres en la carta de respaldo a Altman, que hicieron pública. 

De lo que no hay duda es de que Altman puede darse por satisfecho, ¿Qué mejor prueba de haber sido un gran líder que el apoyo incondicional del talento humano de tu empresa? Dejar la corporación y que tu equipo quiera seguirte es la prueba definitiva. 

Seguramente, el CEO de la plataforma de comercio electrónico Dukaan, Suumit Shah, no pueda decir lo mismo. Despedía a buena parte de su plantilla de atención al cliente hace unos meses tras argumentar que la IA hacía el mismo trabajo por menos dinero. Una vez más en lo que llevamos de año, todo empieza y todo acaba en la IA.

 ¿Tan bueno como lo pintan?

 Si a todo lo anterior sumamos las voces discrepantes que circulan por la red, las de aquellas personas profesionales que fueron expulsadas de la compañía cuando pasó de ser una fundación sin ánimo de lucro a un proyecto puramente comercial, la cosa se enturbia. Muchas de estas ven en Altman la figura estereotipada del líder tecnológico que no mira hacia atrás.

Así que, ¿quiénes están dispuestos a seguir al líder lo hacen por lealtad, admiración o afinidad en valores o simplemente motivados por sus propios intereses económicos? Quizás haya de todo un poco. 

Sin embargo, la intuición nos lleva a pensar que por muy bueno que sea alguien como CEO, poquísimas personas estarían dispuestas a perder su trabajo en nombre de la dignidad del líder, especialmente cuando este no abunda. Y sí de seguirle a otra empresas se tratase, siempre estarían a favor de una oferta que, además del carisma del CEO, acumulase más ceros o condiciones laborales ventajosas.