Gestión de los desafíos en comunicación

Gestión de las situaciones de desafío en comunicación

Los desafíos forman parte de nuestra cotidianidad. Directivos, CEOS, empresarios, autónomos, todos enfrentamos situaciones que nos piden superación y desarrollo de nuevas habilidades. También en el ámbito de la comunicación.

En comunicación, muchos momentos pueden ser causa de desafío: negociar ventas o fusiones con terceros, tener que hacer entrevistas delicadas e incluso hacen presentaciones en público. Todos ellos pueden ser causa de pérdida de control, cuando no poseemos las herramientas adecuadas para una buena gestión relacional y comunicativa.

Me gusta la palabra francesa “enjeu”, que en español podríamos traducir
por “algo importante está en juego” o “hay mucho en juego”. Esta expresión representa la idea de que si no tenemos un buen “juego”, no estamos a la altura y perdemos.

“Enjeu” traduce también nuestras expectativas de obtener un buen desenlace a nuestro favor, cualquiera sea la situación.

Cuando la comunicación deja de ser un juego

Imagínate por un momento que estás jugando un partido de tenis con un
amigo solo por el placer de hacer deporte y compartir ese momento con
esa persona especial para ti. En esta situación, te sientes relajado y no sientes la necesidad de ganar el partido pues tu intención es pasar un buen momento, relajarte, hacer deporte y compartir ese partido con amigos.

La situación cambia, cuando de repente, te impones u obligas a ganar el
partido porque durante el juego, decides competir con tu amigo quién se
vuelve un competidor. Empiezas a sentir algo de nerviosismo por el imperativo de tener que ganar ese partido cueste lo que cueste y pierdes totalmente el placer de jugar. Sube la presión arterial, se acelera el latido del corazón y todo tu cuerpo y tu mente se preparan para la competición. Incluso a veces, el estrés que supone la situación, te hace perder el control y los recursos que necesitas para alcanzar tu objetivo: ganar.

Este ejemplo, es solo una metáfora de lo que nos puede ocurrir cuando tenemos un desafío importante que debemos resolver comunicando con
terceros y donde algo importante está en juego.

Las emociones nos delatan

Ante un desafío, si no tenemos un control emocional óptimo, nuestras
emociones casi siempre se interponen y nos impiden ser más efectivos al
comunicar y transmitir aquello que realmente queremos transmitir. Aunque tengamos una cierta habilidad en comunicación, si no estamos satisfechos con los resultados, nuestras emociones nos traicionarán y al final perderemos el control de la situación.

Es extremadamente difícil, ocultar lo que vivimos a nivel emocional. Nuestro lenguaje no verbal, gestos, expresión facial, tonalidad de la voz y postura, a menudo, nos delatan. No somos autómatas. Controlar nuestras emociones o estar en “actitud zen”, no es nada fácil. Para no dejarnos invadir emocionalmente, necesitamos aprender ciertas prácticas o comportamientos que nos permitirán manejar nuestros recursos personales y optimizarlos, cuando “hay mucho en juego”.

Satisfacer necesidades y obtener resultados en breves lapsus de tiempo, son situaciones que a menudo, nos generan estrés, reacción fisiológica del organismo en la cual se activan mecanismos de defensa, para afrontar situaciones de amenaza o peligro. En situaciones de verdadero peligro, es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia.

Negociar, hablar en público o relacionarnos según con quien, puede
suponer un verdadero desafío para algunos. Un desafío, que perturba el equilibrio emocional y a la vez genera emociones ligadas a la expresión de cierto grado de estrés.

¿Qué nos pasa en situaciones de desafío en comunicación?

La necesidad de reconocimiento es una necesidad humana básica. Cuando comunicamos, necesitamos ser reconocidos, escuchados y entendidos por nuestros oyentes o interlocutores. En situaciones, donde “hay mucho en juego”, esperamos siempre obtener resultados positivos y satisfacer necesidades de escucha, atención y reconocimiento.

Si la situación se tuerce, aparece el temor a no obtener satisfacción e incluso a ser juzgados por el otro, a quien inconscientemente consideramos como una amenaza o un competidor. Vivimos la situación como un peligro, poniendo énfasis en lo que queremos transmitir (el contenido de nuestro mensaje) y restando importancia en cómo lo queremos transmitir, afín de optimizar la escucha de nuestros interlocutores.

Priorizamos el fondo, restando importancia a la forma.

Al percibir la situación como una amenaza, activamos las reacciones fisiológicas que acompañan el estrés y que influyen en nuestra expresión:

  • secreción de hormonas como las catecolaminas y entre ellas, la adrenalina
    en la glándula suprarrenal
  • el corazón late más fuerte y rápido y sube la presión arterial
  • se acelera la respiración,
  • la sangre se dirige de los intestinos hacia los músculos para dar prioridad al cerebro y los órganos más críticos para la acción (corazón, pulmones, músculos)
  • la mente aumenta el estado de alerta
  • el nivel de insulina aumenta para que el cuerpo metabolice mas
    energía
  • se agudizan los sentidos
  • sube el centro de gravedad del cuerpo y perdemos la sensación de
    estar en contacto con la tierra.

El resultado en este tipo de situaciones, es que perdemos la posibilidad de
comunicar realmente con el otro, creando una relación positiva para que
sea receptivo a nuestro mensaje y poder así convencerle. Nuestro mensaje pierde coherencia, debido a la química en nuestro cerebro.

Cómo gestionar un desafío de comunicación

Canalizar la emotividad para transformarla en recurso y minimizar el impacto de las reacciones fisiológicas ligadas al estrés. Canalizar el estado de emotividad o falta de control, que surge en una situación de desafío, es totalmente posible con un aprendizaje adecuado.

Para no caer en el temor de ser juzgados por terceros, estimulamos la
necesidad que tenemos de recibir algo del otro: una sonrisa, la atención,
la escucha y el reconocimiento que necesitamos como seres humanos.

El cerebro responde de manera totalmente diferente según se prepare para gestionar el temor o se active para satisfacer una necesidad de recibir o de ser reconocido (obtener una sonrisa, una mirada, atención). Se trata de aprender a vivir la situación de “donde hay mucho en juego”, de manera diferente, evitando el desbordamiento emocional o la pérdida de recursos y adoptando nuevos comportamientos relacionales.

En la práctica, significa entrenarse con prácticas útiles a través de las cuales integramos nuevos reflejos que se superponen a las maneras de comunicar poco convincentes. En este proceso y en primer lugar, identificamos y diagnosticamos nuestras habilidades para comunicar. En segundo lugar, nos entrenamos a obtener los reflejos adecuados (respiración, motricidad, gesto, espacio, relación), sea cual sea la situación, para comunicar con más espontaneidad y ayudar a nuestro interlocutor a percibir mejor nuestro mensaje, facilitando a través de nuestra actitud, escucha, atención e interés.

Todos sabemos comunicar de manera más o menos eficiente. Con un entrenamiento adecuado todos podemos ser excelentes comunicadores.

Susana Ramón es educadora, coach profesional y terapeuta somática

Susana Ramon

Cursando estudios de Psicología. Ha fundado su empresa InPuls, a través de la cual propone programas, formaciones y talleres para el bienestar y el desarrollo personal y profesional. Es especialista en técnicas de expresión oral y corporal y en gestión de situaciones de desafío, habilidad que adquirió e París, cuando trabajo durante 10 años en una empresa especializada en técnicas de comunicación oral.

Actualmente tiene su propia consulta en Barcelona, en la zona de
Diagonal, Francesc Macià, donde recibe a sus clientes